Los servicios financieros son esenciales para permitir a la gente a manejar su consumo, los eventos de sus ciclos de vida, y las necesidades de ahorro e inversión. En las áreas rurales, el sector informal atiende la mayoría de estas necesidades, debido a que los proveedores formales de servicios financieros encuentran altamente costoso manejar sus operaciones en estas áreas. Esta situación reduce las opciones y limita la capacidad de las poblaciones rurales de beneficiarse de los recursos y servicios que los microempresarios urbanos disfrutan. Son necesarias diversas estrategias para poder reducir los costos operativos en las zonas remotas, donde los clientes son más dispersos y por lo general dependen de la agricultura.
Es bien sabido que no hay un manual de éxito en estos casos. La experiencia reciente con innovaciones institucionales ha demostrado que los programas pueden ser diseñados tomando ventaja de las fortalezas particulares de cada comunidad, en función a reducir los costos de seleccionar a los clientes, supervisar la actividad financiera de los mismos, y poder ejecutar obligaciones contractuales. El sistema basado en grupos ha funcionado muy bien en Bangla Desh, por ejemplo; asimismo en Indonesia una serie de programas usan de manera exitosa a agentes locales para examinar la capacidad de pago de potenciales clientes. Así como, la política pública debería jugar un rol en promover innovaciones tecnológicas que generen beneficios sociales, también debe ayudar a promover innovaciones institucionales que asistan a los grupos vulnerables o atiendan fallas intrínsecas del mercado.