Las primeras cooperativas fueron fruto de los esfuerzos espontáneos de la gente para ayudarse a si mismos. Tiempo después el valor del cooperativismo y las organizaciones que se formaron fueron percibidos por los gobiernos y sus asesores; de esa forma, fueron implementadas una serie de medidas para establecer estándares para sus operaciones. La primera medida fue el establecimiento de una ley de cooperativas. Tales leyes son encontradas ahora en la mayoría de los países del mundo, cuidadosamente enmendadas y adaptadas a lo largo de los años. Bajo esas leyes las cooperativas se convirtieron en entidades legales y se hallan habilitadas para poseer propiedades, negociar, solicitar y otorgar préstamos.
Las cooperativas pueden ser importantes proveedores de servicios financieros, sin embargo, cuando se presentan crisis de inestabilidad financiera son más vulnerables que el sector bancario formal, usualmente debido a su débil supervisión. Asimismo, las cooperativas han sido dañadas al ser usadas como instrumentos políticos o forzadas a implementar políticas de los gobiernos de turno. Sin embargo, por un lado, en muchos países, las cooperativas de ahorro y crédito han resurgido gracias a una efectiva estabilización financiera y programas de desarrollo institucional. Por otro lado, en un buen número de países las organizaciones cooperativas tiene el potencial de jugar un rol significativo en los mercados financieros rurales.