El mito de que los hogares pobres de los países en desarrollo no son sujetos de créditos o no son capaces de poder ahorrar ha perdido relevancia en los últimos años. Los hogares pobres representan un grupo especial para un continuo y confiable acceso a diferentes tipos de servicios financieros, en especial aquellos disponibles a costos razonables y que atiendan sus necesidades específicas. Facilidades de acceso a servicios de crédito y ahorro permiten ayudar a los hogares rurales a manejar y frecuentemente aumentar sus magros recursos, permitiéndoles así, adquirir alimentos y otros productos básicos para satisfacer las necesidades de sus familias, así como invertir en sus propias empresas para poder sostener sus medios de vida.
A partir de este reconocimiento, las microfinanzas o los servicios financieros para los pobres ha sido considerada la más importante herramienta para el alivio de la pobreza. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con esta afirmación. De acuerdo a Nimal Fernando, “Existen tres campos de pensamiento en referencia a los servicios financieros para los más pobres. El primer campo rechaza la hipótesis de que los más pobres puedan ser atendidos con servicios financieros de manera sostenible. El segundo argumenta que los más pobres pueden ser atendidos de manera sostenible y también a gran escala. El tercer campo reconoce que el potencial para atender a los más pobres de manera sostenible y a gran escala es limitado pero que la búsqueda de enfoques innovadores para expandir la cobertura de atención a los más pobres debe continuar”.
Los elaboradores de políticas cumplen un importante rol en facilitar este debate, así como en crear el ambiente legal y económico dentro del cual los proveedores de servicios de microfinanzas puedan operar de manera exitosa.