La gestión de riesgos es fundamental para los proveedores de servicios financieros: cuando se emiten créditos, hay un riesgo de mora por parte del prestatario, cuando se aceptan depósitos y luego se giran en préstamos para otros clientes, se pone en riesgo los ahorros de los clientes. Cualquier persona que conduzca transacciones de líquidos o desarrolle inversiones, corre el riesgo de perder estos fondos. De este modo, todos los intermediarios financieros enfrentan riesgos que deben administrar eficiente y efectivamente para tener éxito. Un fracaso, en este sentido, se convierte en pérdidas financieras y entonces los donantes, inversionistas, prestamistas, prestatarios y ahorradores pierden confianza y los fondos comienzan a escasear.
El establecimiento de un colateral o garantía en relación a la transacción de crédito proporciona al proveedor financiero una especie de seguridad de recuperación del crédito otorgado, de ser necesario bajo una acción legal o judicial al valor material del préstamo. Esto significa que la cobertura de los servicios financieros puede ser frecuentemente influenciada por la disponibilidad de garantías que los prestatarios puedan ofrecer, particularmente en las áreas rurales donde la actividad agrícola es percibida como de alto riesgo. Las garantías convencionales incluyen la hipoteca de la tierra o bienes inmuebles, la prenda de bienes muebles, al igual que garantías o endosos de terceras personas (conocidos como garantes o avales). Es bien sabido, por un lado que la gente pobre tiene escasos bienes o activos que puedan ofrecer en garantía prendaria. De otro lado, existe mucha incertidumbre respecto a ofrecer los títulos de tierras como tal. En muchos casos se ha manejado el otorgamiento de créditos bajo el uso de sustitutos de colaterales, tales como garantías grupales y el establecimiento de fondos solidarios.